2. Segunda etapa de la espiritualidad gasparina: Cristo Crucificado

El Corazón de Jesús, sí, pero…En su día, un psiquiatra daba la siguiente sentencia: “El cerebro humano nace con una información simplemente hereditaria, que posteriormente se conforma con la experiencia, la información y el afecto que ese cerebro recibe en la primera infancia especialmente, de tal manera que esta infancia es el patio en el que jugaremos el resto de nuestra vida“. Venía a decir que lo aprehendido en la infancia permanece, al menos lo esencial. En el corazón infantil de Gaspar, un patio en el que jugará toda su vida, echó fuertes raíces el Corazón de Jesús, un corazón del que aprendería a amar de manera inimaginable. Pero él había sido destinado a una misión para la que se necesitaba algo más profundo que una devoción. La sublime tarea de “humanizar” una parte de la tierra, que habría de ser “deshumanizada” por una invasión napoleónica, exigía una “espiritualidad” aún más intensa y comprometida. Las tropas francesas dejaron tras de sí un pueblo y una iglesia maltrechos, “crucificados”, que reclamaban una espiritualidad cuyo centro estuviera ocupado por un Cristo crucificado y sangrante. Como anécdota: cuando decidió que los misioneros llevaran un Crucifijo, lo diseñó él personalmente imponiendo que en la cruz apareciera un “Cristo Sangrante”. Un Cristo, todavía vivo, que estuviera dándose en el derramamiento de su sangre.

Se da en Gaspar una circunstancia digna de reseñar. Decimos que fue elegido para hacerse presente “en una tierra crucificada, con una espiritualidad de Cruz”. Pues fíjate como el Espíritu lo fue trabajando sin que él se diera cuenta. Le agració con un don muy especial: “una extraordinaria sensibilidad hacia el mundo del sufrimiento”. Bastaría recordar que siendo joven sacerdote, fue ordenado a los veintidós años por causa de la situación política de entonces, ya se le veía empeñado y entregado en cuerpo y alma a distintas obras sociales, de las que destaco estas tres:

  1. “El asilo de los Cien Curas”, casa de retiro para sacerdotes ancianos.
  2. “El Correccional de Santa Balbina”, para niños conflictivos o en conflicto.
  3. “El hospicio de Santa Gala”. En un informe dirigido al Tesorero General del Vaticano, Monseñor Belisario Cristaldi decía, entre otras cosas: “En el hospicio cumplen el periodo de convalecencia los pobres enfermos que acuden al vecino hospital de San Galicano. En verano se hace la cura de la roña, pero no hay modo de atenderlos a todos. Los tres últimos días de la cura se les proporciona el alimento. En la planta baja del edificio hemos pensado en los mendigos, para que no se vean excluidos… El local tiene cabida para unas trescientas camas. Actualmente hay unas cien para los pobres no infectados y otras sesenta para los pobres roñosos y tiñosos que no tienen fiebre”. (nº 136) Se diría, a la luz de estos datos, que Gaspar llevaba en la sangre la“pasión por el mundo del sufrimiento”, sin duda, como preludio de lo que un día sería su “misión”.

¿Qué sintió Gaspar al tener que dejar todas estas obras en manos de unos y de otros cuando fue conducido al exilio por negarse a jurar fidelidad a los esbirros de Napoleón? A uno de los primeros en escribir fue a D. Cayetano Bonanni, el sacerdote que agrupó a otros compañeros, entusiastas como él, llamados “Obreros Evangélicos” y que en nuestro ejemplo del arquitecto y el aparejador, él sería el capataz de los albañiles. A Bonanni le dice: “Que los pobres de Santa Gala recen por mí, es mucho lo que confío en sus oraciones. Es el único favor que le pido desde mi exilio… los analfabetos son los que más necesitan de instrucción. Tenga la seguridad de que el Señor va a colaborar con su gracia” (nº 9). A otro: “No os olvidéis nunca de las obras que tanto me preocupan y por las que, incluso en la lejanía, hago cuanto puedo. Confío en que Dios se hará cargo de mis deseos y de las lágrimas que de cuando en cuando no puedo evitar” (nº 13); “decid a Moretti que se acerque a servir a la mesa a los pobres, así se distraerá” (nº 19). Si el ser marimandón es pecado, Gaspar lo tenía. Pero si el “dar órdenes” equivale a poner en orden las cosas para que funcionen como Dios manda, Gaspar lo hizo como nadie. Entre sus dotes se cuenta la capacidad de “liderar” un grupo. Desde el exilio y, luego, la prisión, seguirá siendo el líder del grupo ocupado y preocupado de las obras sociales comenzadas en común. Dicen que Santa Teresa también se las traía.

Veo que es este el momento de referir una anécdota muy interesante. Recientemente nos reuníamos los Misioneros en la Casa de Ejercicios de la Montaña. El Coordinador, compañero americano, nos hizo soñar y nos condujo hasta la elaboración de un “sueño”, redactado en poco más de media página. En ese escrito en el que hemos reflejado nuestras inquietudes, que esperamos sean las inquietudes de todos los miembros de la “familia que formamos”, “familia de la Preciosa Sangre”, antes de que hubiéramos sacado a la luz esto que afirmo de la “sensibilidad de Gaspar hacia el mundo del sufrimiento”, escribíamos: “Hacemos nuestra de una manera muy especial la causa de los excluidos, los pobres y los enfermos, siendo sensibles a los sufrimientos y a las esperanzas que palpitan en el corazón del mundo”. Fijaos en las casualidades que se dan. Me permito pensar que ninguno de los asistentes al encuentro de los “Sueños C.PP.S” conocía literalmente el informe de Gaspar, dirigido en 1816 a Cristaldi. Y sin embargo a la hora de redactar sus inquietudes y sus objetivos coinciden el fundador y los en él fundados en tres palabras claves: “excluidos, pobres y enfermos”. Decidme si estas son cosas del Espíritu o de los hombres.

Regresando a cuando Gaspar va a cambiar una de las imágenes del retablo de su corazón. El exilio fue una “bendición” para nuestro Gaspar. Al profeta Oseas no le fueron bien las cosas en su matrimonio. Ella, habiéndole dejado, se fue con otro. El, con esa sabiduría que acompaña a los profetas, comparó su situación personal con lo que estaba ocurriendo entre Dios e Israel. Se puede leer la historia en los principios de su libro. El versículo que aquí nos interesa dice así: “Por eso yo la persuado, la llevo al desierto y le hablo al corazón” (v 16). Resulta que Gaspar nos salió, al decir de quien bien lo conocía, un muchacho bastante tímido. ¡Qué bueno es saber que los santos comenzaron por ser hombres de a pie como nosotros, con defectos y bonanzas!. Ese retraimiento hizo de él una persona muy inclinada al aislamiento. No os imagináis la cantidad de veces que confesará su amor al “retiro, el silencio y la soledad”. Llega a confesar que le es “connatural”. Al referirse a la Abadía de San Félix, donde fundara la primera casa, habla de su “amata solitudine”.

La grandeza de Gaspar estuvo en que, venciendo la timidez, se aprovechó de su tendencia a la soledad para hacer de ella “un espacio de encuentro con Dios”. “Digo soledad, decía, porque es donde mejor se escucha la voz del esposo”. Las cárceles le sirvieron a Gaspar de “desierto” donde Dios le habló, como decía Oseas, al corazón y lo preparó para la misión. Hay una anécdota muy curiosa que cuentan sus biógrafos. Estando en la última de sus prisiones, la de Lugo (Italia), pidió permiso a la dirección del penal para retirarse a vivir “en soledad” en una especie de buhardilla que había dentro de la celda, a la que se subía por una escalera. Y fue en esa soledad de años donde descubrió sin darse cuenta que su “pasión” le estaba llevando a emparentarse con la “pasión” de su Señor. Fue la experiencia carcelaria la que le fue acercando cada instante más y más a la semejanza con Jesucristo Crucificado.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s