Podríamos resumir lo dicho en la página “Carisma” con la siguiente parábola:

Imaginemos, ¡Dios no lo permita!, que se nos quema la “casina” del pueblo. Si las circunstancias y la faldriquera nos permiten restaurarla, pondremos de inmediato manos a la obra. Llamamos al arquitecto, que elaborará los planos siguiendo nuestras indicaciones y él personalmente buscará un aparejador y una cuadrilla de trabajadores. Al poco, tendremos un flamante chalet a nuestra medida. Imprescindible que arquitecto, aparejador y albañiles estén en contacto permanente para que la obra no sea la “Babel II”.

Aplicamos el ejemplo al “Carisma”:

  • Una casa destruida, los Estados Pontificios tras la invasión napoleónica.
  • Un Señor de la Casa, el Padre/Dios, que se la tiene alquilada al Papa.
  • Un arquitecto: Jesucristo, que vino con un “proyecto” ideado por el Padre.
  • Un aparejador: Gaspar del Búfalo.
  • Una cuadrilla: Los famosos “Obreros del Evangelio”.

Ya tenemos los elementos esenciales de todo carisma:

  • La espiritualidad: Diálogo permanente del aparejador y su cuadrilla con el arquitecto.
  • La misión: O ejecución de la Obra conforme al proyecto.
  • La fraternidad: El buen entendimiento entre los “Obreros”.

El Proyecto

No olvidar nunca que en las cosas de religión el protagonista es el Espíritu. Ya lo dijimos en las jornadas: “el Espíritu siempre va por delante”. Sin él no somos nadie. El Papa Pío VII era quien tenía “alquilada” la casa. Él es quien se preocupa de organizar la restauración. Junto con sus asesores, llega a una conclusión: la situación tan calamitosa por la que atraviesa la Iglesia de los Estados Pontificios, exige una “Reforma”. Hoy se hablaría de una “Nueva Evangelización”. ¿En qué consistiría la tan llevada y traída “Reforma”? En recuperar el “espíritu sacerdotal” del clero y en levantar el “ánimo” de un pueblo creyente, apagado por el desánimo, el desaliento y el miedo. Miedo, sobre todo, en las provincias infectadas por los rebeldes.

Los “medios” para llevar a cabo la Reforma:

  • Ejercicios Espirituales para sacerdotes, religiosas y seglares comprometidos,
  • Santas Misiones para los pueblos: Una red de centros misioneros por todo el país.

El aparejador

Hay que buscar un aparejador de campanillas, porque así lo exige el deterioro de los Estados. Que cuente, además, con una cuadrilla de buenos “Operarios”. Roma, en aquellos tiempos, principios del XIX, no llegaba a los doscientos mil habitantes. En los ambientes clericales casi todo el mundo se conocía, especialmente aquellos que descollaban por algún motivo. El Canónigo Gaspar del Búfalo sobresalía por varias razones, sabidas por todo el mundo:

  • Por su prestigio como gran predicador, desde el mismo día de su ordenación.
  • Por su resistencia a los dictados del Dictador Napoleón antes y durante el exilio
  • Por su celo apostólico al echarse a sus espaldas incontables obras sociales: el Hospicio de Santa Gala, fue el más conocido.
  • Por su atrevimiento a predicar en el “mercadillo de los miércoles”, copado por lo vendedores de heno, que se llegaban desde los caseríos cercanos.
  • Por pertenecer a un equipo de sacerdotes conocidos como los “Obreros del Evangelio”.

Los Obreros del Evangelio

Con esto rindo homenaje y os presento a su fundador. Por la Ciudad Eterna se movía en aquellos años un sacerdote muy amigo de Gaspar, aunque era veinte años mayor que él. De apellido “Bonanni”, o sea, “que estaba de buen año”. Este “bonachón” comenzó a dar misiones por su cuenta por el 1800, cuando Gaspar solo contaba catorce años. Fueron muy buenos colaboradores antes del destierro. En junio de 1813, consigue reagrupar otros sacerdotes, entusiastas como él, para que le acompañen en las misiones. El 29 de diciembre de ese mismo año, el Secretario del grupo, Antonio Santelli, íntimo de Gaspar, le escribe comunicándole la noticia e invitándolo a formar parte del equipo. Gaspar se encontraba en Florencia esperando la hora de ser conducido a la cárcel de alta seguridad de Bastia, en la isla de Córcega, condenado una vez más por su resistencia y oposición al régimen napoleónico.

Esta fue la respuesta a aquella misiva amiga: “La suya del 29 de diciembre me ha embriagado de gozo. Estoy fuera de mí por tanta alegría. No me canso de bendecir y agradecer la inmensa bondad de Dios. El ministerio de las Santas Misiones ha sido siempre mi mayor ilusión, aunque reconozca que no poseo las dotes requeridas para tan alto menester” (Carta nº 87 de Gaspar; 14-Enero-1814). Un mes después sería liberado. ¿Te das cuenta como trabaja el Espíritu? Los asesores pontificios creando un “plan de choque” que rejuvenezca una Iglesia arrugada. Una reforma que se llevará a cabo impartiendo “misiones” por todos los rincones del país. Unos curas, sin saber nada de lo que se cuece en las cocinas vaticanas, que se agrupan para “misionar”. Un sacerdote preso que confiesa cuál es el ideal de su vida: “ser misionero”. Ya tenemos:

  • Al arquitecto: Jesucristo, siempre atento y vigilante.
  • Al aparejador: Gaspar, preso por su fidelidad a Jesucristo/arquitecto.
  • Una cuadrilla: “Los “Obreros del Evangelio”
  • Un proyecto: Misiones, misiones, misiones.

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