La sangre de Jesús en la cruz nos salvó. La sangre derramada genera vida en el hombre.

La vida desde la espiritualidad de la preciosa sangre debe ser vivida para acoger a aquellos que sufren, los que están derramando su sangre. Jesucristo es el modelo, el hermano mayor.

En los últimos años nuestra Congregación ha emprendido un proceso de redescubrimiento de la espiritualidad de la Preciosa Sangre mediante el estudio renovado de sus raíces bíblicas y una concepción de la espiritualidad como camino de vida y enfoque de nuestro apostolado. Esta espiritualidad ha llegado a ser una fuente de profunda renovación dentro de nuestra Sociedad y a su luz estamos repensando también nuestra misión. Una vez más ha encendido el fuego por doquier y en nuestros miembros el celo por la misión.

Desde la perspectiva bíblica, aparecen dos figuras fundamentales: Abel y Jesucristo:

Gen 4, 8-10: Caín dijo a su hermano Abel: —Vamos al campo. Cuando estaban en el campo, se echó Caín sobre su hermano Abel y lo mató. El Señor dijo a Caín: —¿Dónde está Abel, tu hermano? Contestó: —No sé, ¿soy yo, acaso, el guardián de mi hermano? Replicó: —¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.

Que el Caín que derrama la sangre de su hermano muera en el hombre para que surja el hombre nuevo que va al encuentro de los heridos de nuestro tiempo a limpiarles las heridas.

Ef 1, 3-10: ¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo!, quien por medio del Mesías nos bendijo con toda clase de bendiciones espirituales del cielo. Por él nos eligió, antes de la creación del mundo, para que por el amor fuéramos consagrados e irreprochables en su presencia. Por Jesucristo, según el designio de su voluntad nos predestinó a ser sus hijos adoptivos de modo que redunde en alabanza de la gloriosa gracia que nos otorgó por medio del Predilecto. Por él, por medio de su sangre, obtenemos el rescate, el perdón de los pecados. Según la riqueza de su gracia derrochó en nosotros toda clase de sabiduría y prudencia, dándonos a conocer su secreto designio, establecido de antemano por decisión suya, que se había de realizar en el Mesías al cumplirse el tiempo: que el universo, lo celeste y lo terrestre, alcanzaran su unidad en el Mesías.

Una respuesta »

  1. Rafael dice:

    Tenemos que volver a la teología de la liberación.
    Estas son sus principales ideas:

    La salvación cristiana no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica, como signos visibles de la dignidad del hombre.

    Eliminar la explotación, las faltas de oportunidades e injusticias de este mundo.
    Garantizar el acceso a la educación y la salud.

    La liberación como toma de conciencia ante la realidad socioeconómica latinoamericana.

    La situación actual de la mayoría de los latinoamericanos contradice el designio histórico de Dios y la pobreza es un pecado social.

    No solamente hay pecadores, hay víctimas del pecado que necesitan justicia, restauración. Todos somos pecadores, pero en concreto hay que distinguir entre víctima y victimario.

    Tomar conciencia de la lucha de clases optando siempre por los pobres.
    Afirmar el sistema democrático profundizando la concienciación de las masas acerca de sus verdaderos enemigos para transformar el sistema vigente.

    Crear un “hombre nuevo” como condición indispensable para asegurar el éxito de la transformación social. El hombre solidario y creativo motor de la actividad humana en contraposición a la mentalidad capitalista de especulación y espíritu de lucro.

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